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Un buen fin de semana fuimos con mi padre a Los Molinos a comer en el restaurante Santoña y al pasar por La Serrana paramos para ver la casa donde él había pasado tantos y tantos veranos.
Impetuoso, enseguida se bajó del coche y se puso a husmear por detrás de la valla buscando la mejor vista del interior del...
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