(Dedicado a Cristina, con todo el cariño del mundo, que en paz descanse).
Corría el año 1985, años convulsos de la Movida madrileña, y yo salía entonces con una de las muuuuuchas amigas de mis primas.
Alta, delgada, pelo rizado rojizo, media melena, labios finos, nariz estrecha, pómulos salientes y muy pero que muy hiperactiva.
Empezaba a hablar por la mañana, bien temprano después del café, y a media noche todavía no te había dejado hueco ni siquiera para ir al baño.
Saltaba de un tema a otro con la misma facilidad con que las moscas cambian de trayectoria.
Escuchar, no lo hacía, porque aprovechaba ese lapsus para respirar profundo, coger aire y expulsar la siguiente parrafada.
Raro era el tema que no dominaba, especializándose en asuntos agrarios: el pulgón lanígero de la estepa extremeña, la plaga de la langosta del bajo Cinca, los terrenos calizos circundantes de la meseta oriental, fertilizantes ecológicos sostenibles, variedades de tomates japoneses o la crianza selectiva de uvas autóctonas para la producción de vinos gallegos con puntilla.
Aunque su verdadera vocación eran las explotaciones de lombrices para fabricar abono. Y entre sus planes estaba montar una macrogranja en Asturias con una socia de la facultad.
Mujer interesante donde las haya!
Un buen día la encontré tan excitada que casi no podía hilar palabra alguna: una amiga suya, bióloga marina, tenía la inmensa gentileza de dejarnos siete días su casa en la mismísima playa del Rompido !!!!! Una luna de miel a pocos metros del Coto de Doñana !!!!!
Estaba que se salía de felicidad, tal era su estado que no sabía si fundirme con ella en un abrazo a cámara lenta, o comprarla una caja de Lexatines en la farmacia más próxima.
Ya de viaje en su Ford Fiesta rojo, después de pasar todo el viaje disertando sobre la fauna y la flora de cada uno de los páramos, llanuras y bosques que atravesábamos, en una zona de dunas, muy próxima al destino y en plena noche, no recuerdo el porqué ni el cómo, nos enzarzamos en una discusión, tonta pero acalorada.
De repente y sin mediar palabra pegó un frenazo monumental, los frenos del Fiesta chirriaban como en las películas americanas, las gomas de las ruedas iban dejando su trayectoria en la carretera, mi pobre cabeza a punto estuvo de implosionar contra la luna del coche….a escasos milímetros….
Giré la cabeza hacia la conductora para ver si estaba bien, pero ésta había desaparecido dejando su puerta abierta.
De golpe y como en una película de terror, noté que alguien abría mi puerta y con un rápido giro de cabeza la vi tirando mi equipaje (con cámara incluida) a la cuneta y señalándome con el brazo la salida del coche.
Mis ojos no daban crédito. Todo se había producido en santiamén. Me quedé sin palabras.
Estaba enloquecida, fuera de sí !!!
Con un súbito acelerón vi desaparecer las luces del coche por la carretera en la siguiente duna.
Me quedé allí, en mitad de la nada, con el equipaje tirado en la cuneta, mi Minolta seguramente hecha trizas dentro de la bolsa del equipaje, en plena noche, rodeado de dunas y más dunas.
Una escena más propia de Lawrence de Arabia: sin agua, sin Minolta, sin novia, todavía confuso, aturdido… sin escapatoria.
Pase los primeros segundos mirando a un punto fijo de la carretera. No venía nadie. Luego fueron minutos en el más absoluto silencio.
Nada.
Sólo un pequeño escarabajo caminando pausadamente a la altura de mi sandalia.
Me senté en la calzada con el equipaje agarrado, no fuera a venir un lince u otra alimaña a quitármelo.
Pero, quién iba a pasar por allí? Eran casi las once de la noche!
Súbitamente vi algo. Sí, eran unos faros blancos que se acercaban lentamente contorneando las curvas de la carretera.
Me puse en medio de la carretera haciendo señales con mis brazos y gritando a todo pulmón.
Deslumbrado por los faros, el coche se paró y dos sombras con linternas salieron de su interior.
A medida que se acercaban pude discernir que portaban lo que a primera vista parecían sombreros sobre sus cabezas.
Eran tricornios !!! Me había topado con una patrulla de la Guardia Civil !!!!
-Documentación, por favor.
Seguía sin poder ver sus caras, sus linternas me cegaban la visión.
-Qué hace usted aquí, y a estas horas?
La verdad es que con el jamacuco que tenía no sabía qué decir. Todo lo que fuera a decirles les iba a parecer inverosímil.
…..mi novia…..me ha dejado tirado aquí….me sacó el equipaje y me lo tiró a la cuneta….íbamos al Rompido….
De repente uno de los guardias que se había quedado con mi DNI, interrumpió la locución…
-…es vasco, de San Sebastián…(nací en San Sebastián en el verano de 1961 durante unas vacaciones).
Fue entonces cuando la pareja de la Benemérita se cruzaron las miradas y uno de ellos disimuladamente y muy despacio hechó la mano a su arma reglamentaria.
(Casualmente, luego me enteré que el comando Andalucía de ETA estaba siendo buscado en la zona occidental por un atentado). Estábamos en los 80, los años de plomo de la banda terrorista!
-Al cuartelillo. Dijo uno de los agentes.
No sé si sirvió que, mi hasta entonces novia, saliera detrás de una duna como quién aparece de la nada, con el coche a todo gas y gritando enloquecidamente que me soltarán en ese preciso momento que la Benemérita me estaba introduciendo esposado en la parte trasera del Land Rover; de que mi novia se bajara del Ford Fiesta y me abrazara, como quién abraza a un condenado a muerte camino del patíbulo; que les rogara, envuelta en lágrimas que me liberaran, como una Magdalena que ya ha perdido toda su dignidad; culpándose una y otra vez de todo lo que estaba pasando.
Esa noche al lado de la playa, con el aire limpio de Doñana, ya en la casa de su amiga la bióloga marina, a mi novia Cristina no se la escuchó ni una sola palabra. Ni una.
Sólo se oía el mar.










