38 toneladas de acero oxidado de Richard Serra desaparecidos en Madrid por arte de magia.

Hace tiempo tomando un algo en una terraza de Madrid con mi amigo Rafa, entre cervecita y zumo de tomate, me comentó un suceso acaecido en 1992, que yo desconocía, sobre la desaparición en Madrid de una escultura de 38 toneladas de acero corten de Richard Serra.

El caso es que volví a casa con la curiosidad de aquel extraño suceso y me puse a investigar en internet; 38 toneladas de acero oxidado corten no se evaporan todos los días por arte de magia aunque lo hiciera el mismísimo Houdini.

La escultura se llamaba Equall Parallel y consistía en 3 bloques gruesos de acero oxidado corten y de distintos tamaños, alineados uno detrás de otro. Pertenecía al Reina Sofía y estaba depositada en una nave de almacenamiento en Arganda del Rey perteneciente a la, desaparecida y muy popular en Madrid, tienda de material de pintura Macarrón (ahí es donde mi madre compraba sus pinturas) situada detrás del Círculo de Bellas Artes de Madrid y que, para desgracia de todos, se disolvió en 1998 por suspensión de pagos.

La pieza había formado parte de una exposición que se hizo en el Reina Sofía que se llamaba «Referencias: un encuentro artístico en el tiempo» con la que se inauguró el Reina Sofía, entonces centro de arte, en 1986.

Un año después, el Ministerio de Cultura la compró por 217.000 euros y, a partir de octubre de 1990, con motivo de la inauguración del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía tras su reforma, se expuso en la sala A1 junto a otras dos esculturas, una de Anish Kapoor y otra de Barnett Newman.

En noviembre de ese mismo año se desmontó y se depositó en la empresa Macarrón S.A. Según la documentación disponible, en 1992 la obra continuaba almacenada en esta empresa especializada.

Nunca se supo cómo había desaparecido y quien estuvo implicado.

Se sospecha que la obra se fundió y desguazó in situ, se transportó en camiones y se vendió como chatarra. No hace falta ser un Einstein o tener el título de inspector de policía para llegar a esta conclusión, no le quedaba otra a la policía.

No sé a cuanto está el kilo de chatarra y si un robo de estas características mereció la pena el precio que se pagó desguazándola. Aunque me parecería estrambótico que se planeara el robo para revenderla como obra de arte. Visto lo visto, no es una obra que pase desapercibida y se pueda esconder en el altillo del armario.

Rápidamente el artista y el Reina Sofía alcanzaron un acuerdo para que se hiciese una réplica de la escultura. Es decir, el Reina Sofía tuvo que volver a comprarla. Más de 200.000 € de la época pagadas por las arcas del estado, compañías de seguros aparte.

Curiosamente estas fueron las declaraciones que Richard Serra hizo la prensa de la época: «Mi obra está convertida en cuchillas y media España se está afeitando con ellas».

Lo cual no es un mal final para una escultura tan grandilocuente si uno cree en la reencarnación.

 

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